Eso de la cita a ciegas no era lo mío y sin embargo, estaba tranquila. Claro, un poco nerviosa por que una cita no es fácil y no estaba acostumbrada a salir con un desconocido que no sabia si me gustaría. La inseguridad flotaba en mi cabeza: ¿Valdrá la pena?, hoy el destino me ha dado la respuesta a esa pregunta: Por supuesto. Valió la pena cada segundo de mi vida.

 

Recuerdo que una amiga le había dado mi teléfono, al poco tiempo, me escribió y estuvimos platicando durante horas y largos días, fue increíble, en verdad disfrutaba hacerlo. Luego de algunos días me citó en un café, recuerdo ese primer “hola” lleno de nerviosismo y adrenalina, al fin nos habíamos conocido.

Aquel día la habíamos pasado muy bien pero nada del otro mundo, se había convertido en una cita más. Con el paso del tiempo, él me siguió buscando y fue entonces cuando empezamos a salir más seguido. Nunca me hubiera imaginado que se convertiría en el amor de mi vida y hoy la vida me ha demostrado que es él con quien quiero pasar el resto de mis días.

Nuestro mejor momento ha sido ese viaje a Cancún, definitivamente. La idea era ir con su familia y pasarla bien, sin embargo, ahí estábamos, frente al mar con un hermoso atardecer cuando se hinco y mirándome a los ojos me dijo ¿Te quieres casar conmigo?. Nos casamos en México y ahora, Asia nos espera para una luna de miel inolvidable.

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