Fue extraño, él, un completo desconocido llegando a mi país; yo, un completo caos de emociones. Quizá su rara forma de desaparecer todo el día para hallarle solución a sus problemas , y mi manera tan extraña de callarme y ocultar mis dolores y sentimientos, nos hicieron coincidir en aquel lugar.
No fue ”especial” encontrarlo, pero sí lo es tenerlo. La magia no se dio al inicio, se dio en el camino, y gracias a Dios fue así, porque no se trataba solo de atracción física, sino de algo más allá.

Ella siempre acostumbraba a sonreír, y sacarme una sonrisa. Mis días eran los peores, escapé de una crisis y entré en otra, el desempleo es deprimente, y provoca una fuga de decisiones por tomar.
Por mucho que ella me gustase, no podía verme así.
Se ganó mi aprecio no sé cómo, pero en un par de semanas era imposible no querer verla de nuevo.
A pesar de ello, tenía una decisión pendiente, quizá el problema no era yo, quizá era el lugar, quizá funcionaría, quizá la llevo conmigo, pero quizá sus padres no la dejan, quizá mejor no se lo digo…

Yo sentía que algo estaba ocultando, pero cuando me lo dijo, deseaba que fuera tan solo una broma, una de muy mal gusto. Busqué ayuda, anhelaba que diera su paso a torcer y cancelara el viaje, que no se fuera, no tan pronto.
Mis días se habían vuelto perfectos, cada que él venía a mi centro de trabajo, las dudas a veces llegaban a mi cabeza, aunque él no me daba motivos.
Era diferente. Diferente a todo ese manojo de insensatos que se regocijan en mentiras, de esos que no se conforman con una y buscan más en paralelo para no des compensar.
Yo lo sentía así: Diferente, y me gustaba.

Sus ojos reflejaban su temor al explicarle que viajaría. Ella pasó por lo mismo que yo, ambos probamos el sabor amargo de un plato de segunda mesa, ambos comprendíamos que la confianza hacia el sexo opuesto se había perdido.
El mismo temor que ella tenía también estaba en mi cabeza, decidimos continuar a pesar de todo, intentar confiar por lo menos un poco.
No pude contenerme al verla llorando, ¿cómo es que en tan poco tiempo se construyó esto?

Siempre detesté llorar en público, pero esta vez se me iban los días perfectos a otra ciudad.
Cuando vi su rostro empañado por el llanto sentí al fin lo que es ser correspondida. Mismo temor, misma angustia, mismo dolor.
– Espero vuelvas pronto, aquí te espero yo

Fue complicado estar sin ella, no me faltaba nada material allá, pero me faltaba ella y fue motivo suficiente para regresarme a los cinco días.
Me di cuenta que ella también me extrañaba. Fue a buscarme al terminal, cuando la vi, la abracé con la misma intensidad de mi añoro por ella en ese viaje.

No siempre hay días buenos, existen peleas, discusiones, dramas, celos. Pero también existen pláticas, y éstas nos mantienen unidos
Siento que él lo es todo; y cada vez me convenzo más de lo especial y diferente que es del resto.

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