Fueron las olas, las aguas cristalinas y una ligera brisa de mar los testigos de este incomparable amor. Y es que lo cierto es que el amor es espontáneo, llega cuando dejas de buscarlo, en el momento indicado. Este es nuestro momento, recuperemos el tiempo, esta ocasión debe ser una aventura más allá de lo terrenal. Una aventura perpetua. Compartamos más allá de un deporte extremo o una mascota juntos, la aventura más grande que es, la vida.

Esta es la historia de Brenda y Jorge, bastó un par de miradas cruzadas y una clase de portugués para saber que eran el uno para el otro. ¡Você é o amor da minha vida! Y así sin más, la vida nos incita a aprender algo nuevo, un idioma, el idioma del amor, el cual va más allá de palabras y se expresa con algo más que acciones. Ese instante en el que empiezas a comprender que ese idioma es aún más que eso, es un estilo de vida, una vida que quiero compartir a tu lado.

Hoy es el día. Las montañas, las caídas de agua y el verdor de la vegetación mezclado con el azul del cielo hacen de San Luis Potosí un lugar paradisiaco. Y ahí se encontraban, muy en el fondo, entre peces y buzos, sus familiares se reunían para el gran momento, una gran manta esperaba a Brenda debajo del mar, todo estaba listo. ¿Te quieres casar conmigo? Solo bastó un par de señas para sellar este momento. Por qué con tan solo mirar a esa persona sabes lo que quiere, lo que necesita.

Navegamos uniendo nuestras almas en busca de ese perfecto lugar. Y ese momento que creíamos lejano por fin ha llegado. No importa cómo se presente, el amor es por lo que creemos que vale la pena luchar.

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